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Mercancías: el latido silencioso de la economía que a menudo olvidamos

  • Núria A
  • hace 4 horas
  • 2 Min. de lectura

El transporte de mercancías es una pieza clave para el funcionamiento de cualquier economía moderna. Es, como dicen algunos expertos, el riego sanguíneo que mantiene vivo el cuerpo industrial de un país: sin movimiento constante de bienes, la producción, la distribución y el consumo se paralizan. Sin embargo, este flujo esencial suele pasar desapercibido, y cuando llama la atención suele ser por problemas: atascos, cortes de carreteras o protestas que bloquean rutas estratégicas


En un artículo reciente del diario ARA, escrito por Jordi Espin, se pone el foco en esta paradoja: mientras demandamos que los productos estén disponibles aquí y ahora, tendemos a ignorar las infraestructuras y las personas que hacen posible ese suministro. Las mercancías “no hablan, no se quejan, carecen de derechos y no votan”, escribe el autor, por lo que no reciben el mismo trato político o social que otros temas que sí generan debate público.


Este punto se vuelve especialmente evidente cuando vemos cómo conflictos o problemas en las redes de transporte —como los cortes en la autopista AP-7 o las interrupciones en líneas ferroviarias— afectan directamente al movimiento de mercancías y, con ello, a toda la cadena logística. En los últimos días, el transporte en Cataluña ha sufrido graves perturbaciones debido a bloqueos y problemas en infraestructuras clave, lo que ha provocado retrasos, desvíos y pérdidas económicas para empresas y profesionales del sector.


El sector del transporte lleva meses advirtiendo de la gravedad de la situación y de la necesidad de que los transportistas y las mercancías sean considerados estratégicos, incluso en momentos de protesta o crisis. Organizaciones empresariales han pedido que se respete la circulación del transporte y se atienda su papel fundamental para evitar el colapso de la cadena de suministro.



Conclusión

Las mercancías pueden no “hablar”, pero su movimiento dice mucho sobre cómo funciona —y cómo falla— nuestra economía y nuestra sociedad. Cuando una carretera queda cortada o un tren de carga se detiene, las consecuencias no se limitan a los transportistas: se trasladan rápidamente a las estanterías de las tiendas, a los precios, a las industrias y hasta a nuestra vida cotidiana. Por eso es urgente reconocer que proteger y priorizar el transporte de mercancías no es un lujo, sino una necesidad estratégica. Solo con una visión que integre logística, infraestructuras y políticas eficaces podremos asegurar que el suministro de bienes sea resiliente, eficiente y justo para todos los que dependen de él.




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